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lunes, 22 de marzo de 2010

Huánuco, recuerdos




Naci en la ciudad de Huánuco un día de Diciembre, forjé carácter y sueños contemplando los hermosos cerros que rodean la ciudad, de color rojizo, verdeados con las lluvias. El cielo azul, su clima cálido y agradable así como los fuertes vientos que desde el medio día hasta bien entrada la tarde levantaba faldas de colegialas quienes intentabamos controlar el efecto en nuestros amplios vestidos.

Como no recordar los paseos dominicales a Huancachupa, Conchumayo, Tomayquichua, Ambo. Degustando muchas veces un sabroso locro de gallina(es un caldo cocido con gallinas y papa amarilla, en olla de barro y cocina de leña, con su salsa de cebolla dorada con aji verde), acompañada con mote y chicha de jora. El picante de cuy que comemos en Huánuco, contiene en sus ingredientes el maní, cebolla roya y china, ají colorado y nuestra peculiar pachamanca sazonada con el chincho.

Nuestros domingos familiares se iniciaban en la casa familiar construída por mi abuelo Enrique Bermúdez en el jr. Dos de Mayo, la cuadra 9 a 1 cuadra y media de la plaza de armas. Bajabamos a saludarlo y lo encontrabamos al lado de su árbol de granada, sentado en una silla, listo para que su hijo mayor le recorte los bigotes, lo afeité y le arregle el cabello que con mucho detalle peinaba en un largo mechón peinado hacia la izquierda. Siempre vestido con su terno, con el sombrero dispuesto para salir a la calle, y saludar quitándoselo con una venia cada vez que se cruzaba con cualquier vecino(a).

Todos solíamos asistir a la misa de 11 de la mañana, celebrada por el Obispo en la Catedral, donde una oración especial era dedicada al patrón de los huanuqueños al Sr. de Burgos, dato curioso de esa hermosa imagen es la historia sobre como fue encontrado en el mar, flotando con un cartel que decía a Huánuco. Lo cierto es que otra historia similar es el origen del señor de Monsefú, que también he leído que la imagen fue encontrada en el mar, con un cartel que decía su destino.

Es interesante como la hermosa ciudad de Huánuco, pródiga en ese tiempo en eucaliptos, naranjales, paltos y hermosas flores y frutales fue fundada en el valle del Pilco, generosos y acogedeor, invita al descanso y al relax, tenemos a la entrada una formación rocosa llamada el pilcomozo(está apoyado,descansando) que se divisa desde cayhuayna, donde esta actualmente la Universidad Hermilio Valdizán.

Luego de la misa, era común saludarse con familiares y amigos, tomar un helado en el Polo Sur y cambiarnos para ir a comer donde "La Silvana" o mis abuelos y tío preferían almorzar donde Vela, frente a la Laguna Viña del Río.

Después de almorzar se imponían los paseos a Ambo (visita al Sr. de Ayancocha, Tomayquichua (donde se encuentra la casa de la Perricholi), a Huancachupa, a Colpa, al Rancho a la salida a Tingo María.

El tiempo nos alcanzaba para llegar a la matinée en el cine central, donde todos los niños veíamos semana a semana a Palito Ortega, Pili y Mili, Marisol, Rocío Durcal, las películas de Tarzán, los gladiadores, Maciste y en semana santa Ben-Hur y los 10 mandamientos.

A la salida del cine era costumbre ir a buscar pan calientito ( en Huánuco hay muchas deliciosas variedades, los bollitos, mestizo, francesitos-muy diferentes a los de Lima- , mishtishongos y demás), acompañados de un oloroso y sabroso café de huerta que aún se consigue donde Cabrera o en el mercado.

En algún momento de cualquier día solíamos degustar los prestiños (roscas bañadas de azúcar, de una consistencia particular, la leche asada y las empanadas huanuqueñas)

Propio de nuestra gastronomía también es el chupe verde, los chochos o tarwi en ensalada, con tomate, perejil y ají. Algunos conocemos el cuchuro (alga gelatinosa y redondita que proviene de las lagunas) El mercado nos proveía de queso de Baños, humitas y tamales propios de nuestra ciudad.

Recuerdo los paseos interminables conversando con las amigas y amigos dando vueltas alrededor de la plaza de armas. Las retretas y en Diciembre nuestra espectativa de ver aparecer las cuadrillas de negritos con sus caporales, sus sacones de terciopelo con cotones en los hombros de los que colgaban muchas cintas de colores, bordados con hilos dorados con imagenes del escudo de Huánuco, pantalones blancos con pañuelitos bordados, botas altas de terciopelo también bordados y los sombreros que culminaban con unas plumas de colores. Los negritos hacían resonar sus cadenas, con campanitas, mientras el corochano daba vueltas a su enorme matraca con su máscara blanca y burlona y su látigo en la otra mano, haciendo travesuras, robandose las gaseosas y almanaques de las tiendas, asustando a los niños con su voz ronca y su andar impertinente, los abanderados con sus pantalones a la rodilla, sus máscaras con rostros finos dibujados, ondeando sus banderas y la dama y el caballero, paseandose mientras los negritos ejecutan sus firmes y alegres pasos de danza.
Como no vibrar cuando se acercaba la banda y sabíamos que estaban próximos, que bailarían, presentando sus respetos al niño Jesús, bailando en las casas de los mayordomos donde serán agasajados con locro de gallina y diversas bebidas.

Luego bailarían sus huaynos y mulizas con las señoras y jovencitas de la casa a visitar, agradeciendo las atenciones. Bailan los danzantes tres días continuos, iniciandose la tradición con una misa y culminando el último día con la entrega de los panes o trukay a los mayordomos del siguiente año.

Parte de las emociones de ese tiempo están relacionados con nuestro hablar tan propio, con cantaditas con palabras propias de nuestra tierra, residuos de la presencia de chupachos, yarowilcas y quechuas: sepla, al pelado, zucho al de baja estatura, tacra al poco iluminado, los chiuches, chucuys, chinitas, opas y dempás términos propios de nuestra habla coloquial.

La tierra huanuqueña es la Hermilio Valdizán, Augusto Cardich, Carlos Schowing, Jose Varallanos, de la familia Pulgar Vidal con intelectuales y músicos, de Daniel Alomía Robles, de Amarilis y de muchos otros que nos han llenado de orgullo y son ejemplo para todo hunauqueño(a)